Mi valor como persona no está en mi cuerpo

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HACER FRENTE A LO QUE SENTIMOS  

Cuando nos enfrentamos a una época tan difícil como es la adolescencia donde se sobrevienen todo tipo de cambios y ajustes, nos enfrentamos a muchos cambios emocionales que pueden ir desde un extremo al otro. A esta situación normal en la vida de todo adolescente hay muchas veces que se suma un problema adicional, como es el sobrepeso, que sin duda alguna puede afectar gravemente el estado anímico de la persona que lo sufre. 

No obstante, no todo el mundo que tiene sobrepeso no tiene porque sentirse incomodo o molesto con su cuerpo. Son muchos los casos que afortunadamente podemos encontrarnos, que realmente están felices con sus kilos de más y eso no les hace sentirse inferiores que nadie. 

Sin embargo, como todos sabemos la sociedad cada vez se vuelve más exigente en cuanto al físico de las personas y nos impone el prototipo que por desgracia es considerado “ideal”. Este prototipo corporal es el típico cuerpo esbelto, delgado y que a su vez cuenta con una belleza inigualable; este prototipo afecta tanto a hombres como a mujeres. 

En los casos en los que hay una historia o problemática previa de obesidad, es mucho más impactante e incomodo el hecho de sentir que se salen fuera de lo que la sociedad considera actualmente como ” ideal y bello”. Es por eso, que por desgracia cada vez son más los problemas relacionados con esta cuestión los que llegan a consulta, pues los adolescentes a menudo sienten que son discriminados por su iguales lo que les hace sentir vulnerables y poco a poco contribuye a mermar su autoestima. 

Para todos aquellos que no hayan vivido de cerca el problema de la obesidad, puede resultar algo relativamente sencillo de solucionar , lo consideran un problema simple al que dan la solución de (” eso se arregla reduciendo lo que comes, o haciendo deporte a menudo”). Estos comentarios no ayudan en absoluto, pues la persona afectada por el problema de sobrepeso puede llegar a sentir que estar ” gordo” es su culpa y eso probablemente la hará sentirse realmente mal. No hace falta decir, que obviamente el/ella no es culpable de nada, pues su problema puede ser debido a otras cuestiones ya sean psicológicas o biológicas. Y es muy importante que la persona sea plenamente consciente de eso.

No obstante empezar a reconocer nuestras emociones a menudo se puede volver una cuestión muy difícil. Lo mejor que se puede hacer en ese caso es detenerse un momento y prestar atención a cual es la causa que está produciendo tal malestar.Algunas veces disimulamos lo que sentimos poniendo a todo buena cara y eso no está mal del todo, sin embargo, cuando las personas sienten que no tienen derecho a estar tristes, enfadados o dolidos acaban ocultando sus propias emociones. Y por lo tanto, cuando uno se esfuerza en ocultar las emociones, estas se pueden manifestar de forma improductiva. 

Si estas triste, pero no estas del todo seguro de que es lo que te pasa, quizás te sirva hablar con alguien que para ti sea una persona de mucha confianza , con un amigo, alguien de tu familia o tal vez con el orientador escolar. Muchas veces cuando hablamos sobre las cosas que nos preocupan o que nos están abatiendo en un determinado momento, sentimos un gran alivio emocional. 

Por otro lado, si eres una persona a la que le cuesta hablar de sus sentimientos o o eres un ” reservado emocional” como suelo decir yo a mis alumnos, tal vez te sirvan otros métodos  algo más íntimos y personales como puede ser un diario , dibujar, escuchar música… O hacer alguna otra cosa que te ayude a dar sentido y a controlar tu estado emocional. Algo que está comprobado es que cuanto más tiempo dedicamos a explorar nuestras emociones mucho más hábiles seremos para saber afrontarlas y por lo tanto poco a poco iremos desarrollando una mayor habilidad para solucionar los problemas. 

Pero sin olvidar el tema que nos ocupa en este momento, haré referencia a algunas de las principales cuestiones que a menudo afectan a las personas con sobrepeso. 

  • LA PREOCUPACIÓN SOBRE LO QUE PIENSAN LOS DEMÁS 

A muchas personas  con sobrepeso les preocupa en exceso lo que piensan los demás sobre ellas. Muchas veces las personas juzgamos de forma injusta apoyándonos solamente en lo que ven nuestros ojos. Pero nuestros ojos no tienen la facultad de ver a través de la piel. Sin duda alguna probablemente detrás de todos esos kilos demás y que tantos problemas traen a la persona que los tiene, se esconda un gran corazón que no tendría que sentirse inferior a nada ni a nadie. 

Son cada vez más las situaciones en las que muchos adolescentes con sobrepeso son objeto de burlas y acoso en el centro escolar y esto si que se puede llegar a convertir en un verdadero problema. Esto simplemente representa el desconocimiento que tiene mucha gente sobre lo que significa tener sobrepeso. 

Las personas que tienen sobrepeso tienen preocupaciones y temores que los demás quizás no entienden como por ejemplo el hecho de ir al teatro y no caber en el asiento,querer comprar una prenda y que no haya talla, seguir el ritmo de sus compañeros en clase de gimnasia o cuestiones tan simples como la vergüenza a pensar que si se sube en una atracción esta se puede romper. 

A veces ese temor exagerado a hacer el ridículo y a ser juzgados incorrectamente trae consigo que las personas con obesidad comiencen a aislarse de su grupo de iguales, dejen de realizar actividades que resultan placenteras para cualquier niño/a de su edad. Como solución a todo esto la propuesta es muy simple: participa todo lo que puedas en situaciones sociales donde todo el mundo y lo mas importante, tu mismo comiences a darte cuenta de que tu valor como persona no está en el físico. 

¿  QUE ES LO QUE SE PUEDE HACER ANTE ESTO? 

Una de las cosas que puedes hacer para que el proceso de socialización sea más fácil podría ser apuntarte a algún voluntariado social donde puedas participar en algo que te guste o te motive. Las personas con las que te relaciones compartirán contigo los mismos intereses y por lo mismo todos luchareis por una meta común. De esa forma contribuirás a que te conozcan por tus logros y no por tus kilos. 

Otra posible salida es que tomes la decisión de inscribirte a actividades extra escolares donde puedas conocer gente nueva, nuevas opiniones, nuevas experiencias. Si bien es cierto, que esto tal vez te resulte un poco incomodo o incluso te produzca cierto nerviosismo pues estarás saliendo de lo que en psicología llamamos nuestra zona de confort. Esta cuestión es también realmente difícil en ocasiones para personas que cuentan con una autoestima sana y se muestran seguros de si mismos. Pero si tomas el riesgo y te atreves a hacerlo tendrás un motivo más para sentirte orgulloso/a de ti mismo/a y entonces poco a poco ese sentimiento de inferioridad y todos los complejos que te acechan irán perdiendo fuerza hasta disminuir por completo. 

¿  QUE PUEDO HACER SI EN LA ESCUELA ME ACOSAN POR MI PESO?

Si en tu colegio te acosan , se ríen de ti, te insultan o eres objeto de alguna forma de acoso escolar no dudes en contárselo a tus padres, amigos o profesores. Ellos pueden y deben ayudarte a acabar con esa situación. Tienes que tener muy presente que no eres culpable de nada de lo que te está pasando y que nadie tiene derecho de hacerte ni decirte nada de eso. 

En lo que respecta a ti mismo, no dejes que todos esos comentarios lleguen a herirte emocionalmente, procura utilizar frases positivas en todo momento para contigo mismo, como por ejemplo puedes decirte en voz bajita: ” Tengo varios kilos de más pero mi valor personal se mide por todo lo que soy capaz de hacer”. A veces el hecho de quitarle importancia al asunto nos ayuda a salir victoriosos de la situación que nos preocupa. 

Otro de los consejos que tienes que tener presente es que no es conveniente que te dejes amedrentar, no es bueno que todas aquellas personas que te insultan y se meten contigo te vean débil e indefenso, porque eso les indicará que pueden contigo y seguirán haciéndolo. 

Es muy importante que recuerdes en todo momento que no estas solo, y que ante cualquier caso de acoso o violencia es conveniente poner freno, quizás si tu lo haces estés ayudando indirectamente a alguien que como tú este pasando por esa misma situación. 

 

Autora: Diana Rubio Serrano 

Técnico en Integración Social y Psicóloga

 

 

 

Solidaridad tras la chaqueta

 A veces una buena historia es el camino para 

descubrir la riqueza de nuestro interior.

solidaridad

El peregrino llegó a la aldea cuando el día ya tocaba a su fin. Su silueta gruesa y desaliñada se iba adentrando en las estrechas callejuelas huyendo de la oscuridad que anunciaba un nuevo anochecer. Junto a él y acompañándolo en su tan largo camino, una bestia cargada hasta más no poder; aunque se notaba que el animal ya tenía unos cuantos años, se podia apreciar el esmero con el que su dueño le había tratado, pues su apariencia era muy buena.

  Juntos, habían recorrido mucho pero tal parecía que por fin habían llegado a un buen lugar para quitarse las botas y poder descansar y llenar las tripas cuyos rugidos ya no podían acallarse.

  En aquella aldea, apenas se podían divisar unas callejuelas que se cruzaban entre sí donde probablemente se encontraran las casas de muchas familias, que casi seguro a esas horas de la noche, ya estarían refugiados en su hogar disfrutando del fulgor de una buena lumbre alimentada de leña recien cortada.

  Aquí fuera,  el frio se muestra imperante y actúa sin piedad metiéndose en los huesos de todo aquel que no tenga donde quedarse. La crudeza de este temporal de enero se hace notar en las tierras de los campesinos, teñidas estas por una ligera capa blanca que anuncia una buena helada.

  El peregrino poco a poco avanza entre las calles estrechas de la aldea deslizando sus pies casi adormecidos por el frío que traspasa sus viejas botas, al igual que el resto de su cuerpo que ya está empezando a entumecerse como consecuencia de la maldita intemperie. El hombre vaga por las callejuelas pero es en vano, pues tal parece que las calles están vacías porque durante el tiempo que lleva caminando  por allí, no ha visto ni un alma, ni siquiera un animal refugiado en algún agujero. Avanza un poco más y se adentra en una especie de callejón algo más ancho que el resto, y es ahí donde se toma un momento para respirar ese delicado y sabroso aroma a guiso recién preparado que escapa por una chimenea que visualiza dos cuadras más adelante.

  No obstante, el hombre siente un poco de vergüenza  de tocar la puerta a estas horas de la noche, pues considera que no es tiempo de visitas. Pero por otro lado, no aguanta ni un momento más, se siente desfallecer; el hambre pesa y el frío es tal que parece que le deja paralizado.  Es por eso,  que se toma un momento para recordar los tiempos de antaño donde las puertas de todos los vecinos de los pueblos se podían dejar abiertas sin temor a que ningún ladrón robara el pan que con tanto esmero se había conseguido, sin tan solo pedir permiso. Sin embargo,  ahora tanto los  tiempos como las gentes han cambiado y en las personas impera el sentimiento de la desconfianza o al menos, eso quiere pensar él.

  Cada vez más cansado y abatido, sigue recorriendo la aldea y un poco más adelante ve que de una casa entra y sale gente, es entonces cuando siente una enorme alegría acompañada de una gran nostalgía y da gracias al cielo de que todavía haya personas que conserven su esencia, su generosidad y que no duden en brindar apoyo a quién lo necesite.

  El peregrino se acerca a la puerta y con sus viejas y arañadas gafas se toma un breve laxo de tiempo para leer el cartel que preside la puerta, en este pone: ” Bienvenido a La Morada”.

  Un insignificante y diminuto farolillo alumbra la fachada de la casa avisando a todos los viajantes,peregrinos y demás personas que necesiten cobijo, que han llegado al lugar indicado.  Tan solo es necesario acercarse un poco más para cerciorarse de que se trata de un sitio donde reina elaltruismo y la generosidad para con las personas.

  El bullicio de la planta de abajo hasta bien entrada la madrugada contrasta notablemente con la planta superior, lugar de sosiego donde reposan los sueños.

  Justamente al lado del edificio principal, una cuadra sirve de morada también para los animales que han acompañado a sus dueños durante su largo caminar. Estos son atendidos y cuidados por un joven que sin dudarlo sale al encuentro del nuevo huésped, y mientras que este se dirige a la posada, todas sus pertenencias quedan perfectamente guardadas en una de las habitaciones del fondo de la casa.

  La suave atmósfera que se puede respirar al atravesar el umbral del portón, poco a poco va despertando los sentidos que habían permanecido aletargados a causa de la intemperie.

  Una vez dentro, se puede ver la gran olla que alberga lo que probablemente será la cena de todos aquellos que como el peregrino lleven días sin llevarse algo caliente a la boca. En el resto de la estancia, se pueden encontrar varias mesas y sillas  distribuidas de forma dispersa, al tiempo que son ocupadas por personas que beben  de grandes jarras de vino, mientras conversan muy alegremente. Y al fondo, unas escaleras largas y pesadas que conducen arriba.

  Esta pensión sería igual o parecida a cualquier otra, de no ser porque, en la esquina más cercana a la puerta de entrada, lugar que precede a  toda estancia tan visitada, un armario con un montón de chaquetas colocadas de más a menos viejas, capta la atención de todos los recién llegados.

  Alguién , según parece un vecino de la aldea, le explica a un viajero el porque de aquella peculiar y desgastada colección.

  – Un hombre ya hace muchos pero que muchos años, dejó su chaqueta en ese armario, tal vez se le olvidó, o quizás ya no le servía porque estaba desgastada y no abrigaba como antes, y ahí quedó, guardada, por si algún día regresaba a recuperarla.

  Durante algún tiempo, lógicamente, nadie se atrevió a cogerla pues a ninguna persona le resulta agradable coger una chaqueta vieja, agujereada y desgastada. Pero un buen día, un mendigo con sus ropas aún más sucias y rotas, antes de marcharse preguntó si podía cambiar su chaleco por aquella vieja chaqueta, y tras recibir el consentimiento de todas las personas que allí se encontraban presentes, se fue muy contento consciente de que por muy vieja que estuviera  le protegería algo más del frio que su viejo chaleco; su cuerpo estaría más caliente y por lo tanto sus fuerzas serían más para seguir por su tortuoso camino. 

  Pasaron algunos meses y el mendigo regresó, pero ya no era un simple vagabundo sin rumbo;había encontrado fortuna, y como muestra de su gratitud, cuando se fue dejó en aquel armario una chaqueta nueva de piel para que quien la necesitase, pudiera cogerla o cambiarla y darla buen uso. Desde ese momento, son muchas las personas que dejan o cambian su chaqueta aquí,bien como prueba de su paso por el lugar, por mera superstición o símbolo de buena suerte, o simplemente porque alguna de las que ahí encuentra es mejor que la que lleva puesta.

  – ¿ Y alguien cogió aquella chaqueta nueva ,no? – pregunto el hombre.

   -Efectivamente. No obstante, a cambio, dejo dos chaquetas que resultaron de mucha utilidad para otras personas . Y así poco a poco entre idas y venidas, gente que llega y gente que se va,el intercambio que comenzó hace años no ha cesado hasta hoy.  Si bien es cierto, que formaban una curiosa colección. Algunas con los botones descosidos,otras tantas con grandes agujeros formados por el uso y agrandados por el paso de los años,todas tenían una cosa en común: el tejido estaba desgastado y con los hilos fuera.

  Pero todo paso sigue a uno y precede a otro, siempre y cuando no sea el último ni el primero.

Una vez que habían terminado de cenar, y a falta de quehaceres, que mejor que gozar de buenas historias y cuentos contados junto a ese ambiente cálido, la barriga llena y aquel embriagador aroma a vino. Poco a poco las historias se van mezclando con la imaginación y las vivencias de cada quien al tiempo que se escuchan, se sienten, se viven… Después se van escuchando cada vez menos, lejanas… Hasta que el sueño vence en la lucha eterna y perpetua que mantiene con la vigilia, y ésta termina yaciendo rendida, abatida, hasta un nuevo amanecer.

Al día siguiente y antes de que despunte el alba, ya se puede oír el canto de los gallos en los corrales. ¡Malditos animalejos! – piensa más de uno.

Hora de retornar al camino, piensan todos… Excepto los que ya lo han hecho.

En el armario faltan algunas chaquetas, que sin duda nadie echará de menos, mientras otras tantas viejas y agujereadas, ocupan su mismo lugar.

Unas marchan. Otras tantas llegarán.

Es mucho mejor así.

Muchos son los que desean morir con la chaqueta puesta, otros tantos prefieren hacerlo sin nada más que lo que traían al venir al mundo, tan solo guardando en lo más profundo de su ser todas las experiencias y vivencias que les han hecho llegar a ser buenas personas, en otras palabras, desnudando el cuerpo para cubrir el alma. Pues si algo nos queda claro, en el camino de la vida es que cuando los pasos dejen de darse y el camino de andarse de poco nos sirve una chaqueta agujereada y gastada. Siempre será mejor guardarla en el armario de los recuerdos, rozando la balda del olvido donde yacerá junto aquellos con quienes compartió experiencias.

Y es que, al igual que nadie nace sabiendo andar o sonreír y nadie ha vivido sin tropezar en el egoísmo alguna vez, todo el mundo puede aprender a desabrochar su chaqueta.

Y tú … ¿ Te animas a desabrocharte la chaqueta?.

(PD. Este articulo forma parte del concurso de post solidarios de los III Premios al Voluntariado Universitario)

LA RIQUEZA DEL QUE MEJOR SABE DAR

Quizás no sea una escritora profesional ni reconocida, quizás tal vez soy

una simple aficionada a expresar mediante palabras todo lo que pienso y

pasa en mi vida. Muchas personas podrían llegar a creer que el hecho de

plasmar ideas y sentimientos en un papel o en un blog es algo vano de

sentido o incluso una pérdida de tiempo; sin embargo yo lo considero una

forma de vida.

   Muchas veces nos aficionamos a la lectura por el mero placer que nos

supone imaginarnos como protagonistas de grandes historias de amor, o

soldados que salen victoriosos en una guerra sin fin. Disfrutamos viendo

películas e imaginando una vida como la que viven los protagonistas de

nuestras mejores historias, y sintiendo en otras ocasiones que somos muy

afortunados cuando los personajes de nuestros libros o películas no

corren con buena suerte.El sumergirnos en las páginas de un libro o en una

pantalla de cine puede denotar una forma de cambiar de alguna manera la

monotonía o rutina que envuelve nuestras ajetreadas vidas.

   Cada vez son más las personas que dedican su tiempo a escribir en sus

propios blogs y leer los de otros compartiendo el placer de escribir a

sabiendas de que posiblemente sus creaciones nunca lleguen al gran

público. Pero aun así se sienten satisfechos con el mero hecho de

transmitir lo que piensan.

   Muchos cuentan sus propias experiencias, otros tantos se inventan

historias con las que hacer soñar al lector; pero todos ellos comparten un

objetivo común: que pequeñas historias contribuyan a hacer grandes

personas.

   En este nuevo post quiero hacer referencia al tema de la solidaridad y

para ello lo encauzaré con un breve cuento que quizás nos haga

replantearnos muchas cosas.

   Había una vez un país en el mundo donde azotaba una época de miseria

y penumbra social. Donde solo algunos afortunados tenían la suerte de

vivir sin problemas ni preocupaciones.

   Fueron algunos de esos afortunados, exactamente tres hombres los que

se decidieron a emprender un viaje que duraría algunos días . Las

caravanas de estos tres ricos coincidieron durante un largo viaje y juntos

llegaron a una gran aldea donde la pobreza sacudía enormemente a sus

gentes. Esta situación era tan grave que provocó a estos hombres

sensaciones muy distintas, pero todos ellos coincidían en una sola cosa:

el panorama era desolador.

   El primer hombre adinerado, no pudo soportar ver aquello, algo le

remordió su conciencia y fue entonces cuando decidió sacar todo el oro y

las joyas que llevaba dentro de su carruaje, que por cierto eran bastantes

y muy caras, y las repartió sin reservas entre la muchedumbre de

campesinos. De todos ellos se despidió al tiempo que les deseaba la mejor

de las suertes.

   El segundo hombre con dinero, al ver la terrible situación en la que se

encontraban todas esas personas , paró el carruaje en el que también

iban todos sus sirvientes y quedándose solo con lo justo que necesitaba

para continuar su camino, entregó a todos esos campesinos la comida y

la bebida que llevaba,pues pensó que el dinero de poco les iba a servir en

aquel inhóspito lugar. Asegurándose de que cada campesino recibiera su

parte, y que esta fuera suficiente como para alimentarse durante cierto

tiempo, se decidió a partir.

   El último hombre, al ver aquella situación de pobreza y miseria

extrema, aceleró el carruaje y pasó de largo sin ni siquiera detenerse. Los

otros dos que si habían colaborado de alguna forma con la gente

humilde , al tiempo que iban andando por el camino comentaban su

frialdad y falta de solidaridad. Ellos se sentían orgullosos de sí mismos ya

que en cierta forma habían ayudado aquellos pobres miserables.

   Pasaron varios días y cuando había pasado ya exactamente una

semana, se cruzaron de nuevo con el que ellos consideraban egoísta y

avaro pues no se había detenido a ayudar aquellas personas aquel día.

Ahora este viajaba en dirección opuesta. Seguía caminando de forma

muy rápida, pero al mismo tiempo los dos hombres observaron que su

carruaje ahora ya no transportaba oro ni productos finos y de calidad,

sino que en el fondo del mismo se podían divisar aperos de labranza,

herramientas y sacos que contenían diferentes semillas y granos. Este

hombre se dirigía a la aldea que días antes había abandonado con el

mero propósito de ayudar a luchar contra aquella miseria.

    Quizás si leemos detenidamente este cuento nos sintamos de alguna    

forma identificados con algunos de sus protagonistas.

   Hoy en día hay gente generosa, o mejor dicho personas que se ocultan

bajo un falso disfraz de generosidad pues solo ayudan con el objetivo de

que les admiren por ello. Cuando eso pasa toda bonita acción pierde su

esencia, su valor…   No siempre la generosidad se reduce al dinero, en

muchas ocasiones la generosidad y el gesto más bonito consiste en ofrecer

a las personas la oportunidad de valerse por sí mismos, la oportunidad de

un trabajo, un refugio, algo que les permita poder encontrar nuevamente

su propio camino; camino del cual quizás se desviaron o el cual jamás

encontraron. A veces la mejor ayuda es aquella que no se ve, que es

anónima y que solo la persona que la realiza sabe el verdadero motivo de

porque lo ha hecho. Pero no presume, no alardea, no busca

reconocimiento ni prestigio simplemente buscar hacer el bien y sentirse

pleno por ello. Ofrecer una ayuda sincera y desinteresada intensifica de

alguna manera la capacidad empática que deberíamos tener todos los

seres humanos, y atenúa el materialismo que poco a poco se ha ido

instaurando en nosotros y en nuestra forma de ver la vida.

   En la sociedad actual en la que vivimos, puede llegar a ser difícil pensar 

en ayudar a los demás cuando nosotros mismos tenemos diariamente la

sensación de que precisamos también de la bondad de alguien que nos

ayude a allanar el camino por el que tan tortuosamente vamos caminando;

la vida. Esa vida en la que hay cosas bonitas, cosas tristes, felicidad y

tristeza,ilusiones y decepciones. Pero que al mismo tiempo nos enseña a

evolucionar como seres humanos y a crecer tanto social como

personalmente. Son esos mismos fallos los que nos hacen aprender de

nuestros errores; cuando tropezamos nos levantamos y si algo falla y nos

caemos otra vez tendremos la certeza de que podremos ponernos de pie

nuevamente pues ya lo hicimos antes.

   Todos los días la televisión se encarga de hacernos llegar la imagen de

personas famosas;cantantes, futbolistas, actores… Que han donado una

gran cantidad de dinero a alguna obra benéfica, institución social … Sin

embargo, puede surgir en muchos de nosotros la pregunta de:¿esa ayuda

además de salir de su bolsillo, saldrá también de su corazón?. ¿O

simplemente lo harán no movidos por la empatía sino por el prestigio y el

reconocimiento social que traerá consigo su buena acción?. Nadie

sabemos lo que piensa o siente el resto, es por eso que no me voy a meter

en terrenos tan pantanosos de los que no tengo certeza alguna. Hay gente

que tiene mucho dinero; son millonarios que recorren el mundo y cuya

riqueza, llegado un punto, tal parece que les asquea. Es entonces cuando

deciden donar ciertas migajas de su fortuna a la gente humilde pensando

que así están haciendo un bien, y no digo yo que esto no sea así, pero…

¿Pensáis que tiene más valor esa colaboración que la de gente que día a día

se levanta de madrugada para trabajar y sin embargo dona una pequeña

cantidad todos los meses a alguna institución, ONGS etc.?. ¿O que me decís

de gente que paga los desahucios de familias que estaban a punto de

perderlo todo en estos tiempos de crisis? .Y eso lo hacen desde el más

profundo anonimato, desde la lejanía. Claramente esos casos no abundan,

pues personas con ese grado de generosidad por desgracia no son muchas

y a quien verdaderamente les gustaría hacerlo no pueden porque su

situación económica tampoco es muy satisfactoria. Está claro que

la gente común y corriente como la mayoría no es reconocida por su

colaboración, pero tampoco buscan serlo. Son pobres,es cierto, pero el

poder colaborar aunque solo sea con una pequeñísima parte de su sueldo

que con tanto trabajo han conseguido les hace grandes. Y no grandes

millonarios sino simplemente grandes de corazón.

   Nuevamente reitero que vivimos en una sociedad cegada por el

consumismo, nos hemos vuelto personas egoístas y desconfiadas quizás

con motivo, quizás sin él. Lo cierto es que el mundo sería más mundo si

aprendiésemos que nadie está a salvo de la pobreza, que todo el mundo

podemos necesitar ayuda en algún momento de nuestra vida y no por eso

vamos a ser mejores o peores personas. Recuerdo que alguien me dijo una

vez que una gran habilidad social está no solo en saber pedir ayuda cuando

lo necesitamos sino también en ofrecer la nuestra sin que nadie siquiera se

decida a pedírnosla.

   Otra forma de aportar nuestro granito de arena y de potenciar nuestra

solidaridad es trabajando como voluntarios en residencias, instituciones…

Es ahí cuando verdaderamente ofrecemos lo más grande e importante que

tenemos: nuestro tiempo.

   He de decir, que durante una etapa de mi vida tuve la oportunidad de

trabajar con el colectivo de discapacidad y de ellos aprendí mucho más de

lo que yo les habría enseñado a ellos. Pues solo les dediqué mi tiempo y mi

profesión y ellos me pagaron todo eso con su admiración, respeto,cariño y

buenos deseos. ¿Quién ayudó a quién?. A veces, creemos que estamos

haciendo una buena obra o que con eso vamos a mejorar la vida de

personas a las que erróneamente consideramos infelices y finalmente nos

damos cuenta que los verdaderamente equivocados somos nosotros, pues

ellos, a pesar de vivir con limitaciones si saben ser generosos y son

perfectamente capaces de sacar esa esencia de la vida a la que llaman

felicidad.

   En este post quiero aprovechar y dirigirme a jóvenes que como yo,

desconfíen de todo.Empezando por un futuro incierto que día tras día nos

desconcierta y nos hace desvelarnos porlas noches pensando en si

verdaderamente sirve de algo todo lo que estamos haciendo. Pero sí,claro

que sirve, estaréis conmigo en que la educación es el único arma que tiene

el ser humano para combatir todas las injusticias, egoísmo, despotismo y

corrupción que hay en el mundo.

   Tener siempre presente que nacemos siendo una “tabula rasa” como

decían los empiristas británicos.Es decir, una pizarra en blanco que se va

rellenando poquito a poquito con nuestras experiencias y vivencias

pasadas. Aprendamos a dar sin que nos pidan, aprendamos a ver la tristeza

que quizás se encuentre oculta tras un rostro feliz, enseñemos a futuras

generaciones elvalor del respeto, de la humildad, de la solidaridad y sobre

todo, enseñemos y prediquemos e lvalor de ser personas. El ser humano

tiene dos lados uno oscuro y otro lleno de luz y solo cada quien decide

cual potenciar.

   Como conclusión a todo esto, podemos decir que hay gente generosa,

aunque da sólo para que se vea lo mucho que dan, y no quieren saber nada

de quien lo recibe.

   Otros, también generosos tratan de ayudar realmente a quienes les  

rodean, pero solo para sentirse mejor por haber obrado bien.

   Y hay otros, los mejores, a quienes no les importa mucho lo que piense el

resto de generosos, ni dan de forma ostentosa, pero se preocupan de

verdad por mejorar la vida de aquellos a quienes ayudan, y dan mucho de

algo que vale mucho más que el dinero: su tiempo, su ilusión y sus vidas.

¡ Ánimo aún estamos a tiempo de cambiar al grupo bueno!.

 

Las grandes oportunidades para ayudar a los demás rara vez vienen,

pero las pequeñas nos rodean todos los días.

                                                                                                                          (Sally Koch).

NOTA: Este articulo forma parte del concurso de post solidarios de los II Premios al Voluntariado Universitario.

BIENVENIDOS

Por fin toma forma mi idea de compartir con todas las personas que lo deseen todos mis relatos, reflexiones e historias de la vida cotidiana que poco a poco invaden mi cabeza dias tras dia y terminan agolpandose en forma de palabras  hasta dar forma a verdaderas historias.

En este blog intentaré hablar de diversos temas;  algunos de ellos relacionados con el mundo de la discapacidad pues como Técnico en IntegraciónSocial siento el deber de comunicar al mundo el valor de estas personas; por otro lado también mencionare temas de caracter psicologico y porsupuesto también habra un hueco para el ocio y lo más importante para SOÑAR.

Espero que mi trabajo sea de vuestro agrado y que podamos compartir todos juntos.

Son las ilusiones y los sueños los que mueven el mundo y nos permiten pintar una vida de colores ; la nuestra.

EL MIEDO

Antes de comenzar a escribir este relato, no tenia las ideas muy claras acerca de todo lo que quería plasmar en las próximas líneas; algo que sirviera y que fuera lo suficientemente claro, como para comunicar a todos aquellos que lo leyeran,  de forma directa, lo que estaba sintiendo en cada una de las líneas de las que se componía este texto.

  Supongo, que cuando alguien se decide a escribir sobre algo, es porque se siente identificado con el tema que se le plantea; de la misma forma, tenía las ideas muy claras acerca de que a pesar de no ser una escritora de prestigio y con una reconocida carrera literaria ,es más, siendo una simple alumna de psicología;  sí que me sentía lo suficientemente capacitada en ese momento para hablar sobre el tema que se planteaba; el miedo.

  Probablemente el miedo, siempre ha estado presente en nuestras vidas desde el momento en el que venimos al mundo, si es cierto que ese miedo no siempre es igual, va cobrando forma y dimensiones distintas a medida que nosotros, los humanos, vamos creciendo; es decir, a medida que vamos recorriendo ese largo camino que es la vida y en la que  nos encontraremos con muchas cosas buenas pero en la que desgraciadamente habrá muchísimos obstáculos que sortear, para simplemente conseguir los miles de sueños que tenemos todas las personas.

Desde que somos pequeños el miedo aparece en nosotros cuando damos los primeros pasos, es decir, cuando nos enseñan a caminar nuestros padres o cuando nos anuncian a ese monstruito tan famoso para todos en nuestra infancia “el coco”;  pues en ese momento, desde la inocencia de ser un niño, pensamos que nos vamos a caer o que alguien muy feo nos va a llevar con él y solo la idea, nos da un miedo espantoso; sin embargo, a medida que vamos creciendo nos damos cuenta que ese miedo no era nada, que eso no era nada comparado con el vértigo que nos va dando enfrentarnos a nuevas situaciones que van llegando a nosotros a medida que crecemos y a las que inevitablemente estamos expuestos. Dicen que hay personas a las que les da miedo enamorarse y nos preguntaremos ¿ por qué ese temor si es algo totalmente normal y que a la vez nos hace sentirnos tan especiales? Ese temor no es absurdo del todo; pues desgraciadamente muchas personas han tenido que vivir desilusiones, fracasos o incluso se han sentido traicionadas por alguien a quien ellas consideraban lo más importante de su vida; es ahí cuando la experiencia te ha marcado y no te permite volver a entregarte al amor como lo hiciste entonces.

Sin embargo, en otras ocasiones ese miedo no tiene justificación alguna sino que simplemente es el síntoma más importante de una enfermedad que nos hace sentirnos miserables e inseguros y que nos muestra una vida llena de amargura e infelicidad, los celos.

Esto ha sido un tema muy mencionado  en la psicología desde antaño. Para quién  lee sobre el tema  en un manual, es muy fácil  pensar que efectivamente es una enfermedad que nos hace sentirnos infelices ¿ y de verdad tenemos motivos? ¿ hay necesidad de sentirnos tan mal? quizás no, quizás si ¿ quién sabe? lo único que sabemos es que no quisiéramos sentirnos así; pues los celos constantemente nos reducen y nos hacen esclavos de una inseguridad que no nos deja ver más allá. Muchos dicen que los celos son signo de personalidades inseguras y llenas de complejos¿ pero, no será quizás síntoma de personas entregadas al cien por cien con miedo a ser heridas y tener que curarse después? Quizás sí, pues en lo personal pienso que cuando de verdad se quiere es inevitable no temer, es inevitable no sentirse vulnerable ante los sentimientos y hay quien, antes de tener que sufrir prefiere equiparse con  una coraza que les haga de alguna manera inmunes al sufrimiento y a la decepción ignorando y resistiéndose también a sentir la felicidad más hermosa y grande

del mundo.

En todo lo anterior, se ha hablado del miedo en lo referente a los celos, es decir al miedo relacionado con el amor hacia la pareja, sin embargo,  y para nuestra desgracia no es el único miedo que tenemos que vencer y sobre el cual las personas en general estamos obligados a luchar y superar;  hay muchos otros tipos de miedo. Quizás uno de los más importantes para cualquier persona, es perder a un ser querido, pues desgraciadamente el miedo en ocasiones  nos ha venido anunciado previamente cuando somos testigos de una larga enfermedad… O simplemente, a la persona a la que tu quieres y que ha sido tan importante en tu vida, en la que has podido confiar, la que te ha llenado de regalos cada vez que iba a buscarte al colegio o simplemente se ha dedicado a hacerte feliz siempre, se le está acabando la vida, ya es anciano, y aunque te niegas a aceptarlo sabes que en cualquier momento se irá y que no podrás hacer nada, es en esos momentos cuando te invade no miedo, no, sino terror, pánico… A que no te dé tiempo a decirle lo mucho que le querías y a darle las gracias por tanto y tanto cariño, es un miedo diferente al de los celos, pero igualmente importante; pues también engloba  un sentimiento importante para el ser humano el amor. Sin embargo, no todo termina aquí hay muchos otros temores que el ser humano tiene que superar y enfrentar a lo largo de su vida. Teniendo en cuenta la situación en la que se encuentra España en este momento, podemos darnos cuenta del panorama negro que envuelve el país, esa cruda realidad,  nos invade cada vez que encendemos el televisor y vemos los desahucios de muchas familias, campañas para recoger comida que nos muestran la pobreza y el hambre que azotan España como desde hacía años no sucedía. Es ahí, cuando nos invade un profundo temor y damos gracias a Dios por permitirnos tener una casa y comida todos los días. No obstante, es imposible no sentir y no temer que la suerte nos cambie en cualquier momento y que efectivamente seamos nosotros los que nos veamos en las misma situación de esas personas a las que compadecíamos todos los días, al mismo tiempo que admirábamos pues a pesar de no tener nada, de vivir en la calle y tener que pedir para comer, se mantienen unidos, con fortaleza y no tienen miedo a seguir luchando por una vida y un futuro mejor. Quizás, si nos ponemos a pensar en todo esto no solo nos asustamos, no, nos aterrorizamos cuando pensamos en todo lo vivido, en los atentados que han destruido la vida de multitud de familias, y en la multitud de guerras que sacrifican al mundo frecuentemente. Sin embargo en la actualidad el paro es uno de los temores más grande al que nos enfrentamos. En el caso de los trabajadores que se han quedado sin empleo se preocupan por no poder mantener a su familia, por no poder llevar dinero a casa y por no poder ofrecer a los suyos todo lo que a ellos les gustaría, es ahí, cuando empiezan a emerger sentimientos de impotencia  y muchísima rabia rodeados de una sensación espantosa y temor a que todo se complique más y más.Por otro lado en el caso de los universitarios como es mi caso, nos planteamos muchas cosas, nos da terror, pánico que nuestros sueños de futuro se vean truncados por  la falta de dinero, por la pobreza. Hemos visto que desgraciadamente el luchar por esos sueños muchas veces lleva a las personas a hacer cosas que a priori nunca habrían hecho como prostituirse o simplemente donar sus óvulos para poder pagarse una carrera que les conduzca a un futuro digno ¿ a caso es justo?, es justo que las grandes fuerzas del país se valgan del miedo como arma para doblegar y callar al país?, ¿ es justo que tengamos que sentir que solo los ricos tienen derecho a un futuro de comodidades?, posiblemente las grandes personalidades que vemos en la televisión todos los días no tengan ni idea de que es ese sentimiento, o quizás sí, quizás teman a perder sus jaulas de oro, jaulas de oro que les hace prisioneros de su propia avaricia, de su ambición y que les hace volverse insensibles al sufrimiento de los demás, pues solo piensan en conseguir más y más sin importarles en absoluto el sufrimiento que dejan tras de sí. Todo esto, nos demuestra que simplemente el ser humano no puede rendirse ante la adversidad, ante la injusticia, ante el sufrimiento, en la vida habrá que sortear obstáculos que posiblemente en ocasiones nos sotierren en la más profunda tristeza y desesperación, es ahí , en esas situaciones difíciles donde probablemente nos sentiremos sin fuerza para continuar, sintamos que no podemos levantarnos, sin embargo, siempre habrá algo que nos impulse a empezar de nuevo, a vivir un nuevo día con la mera ilusión de que todo sea diferente hay que sabe que para todas esas limitaciones y temores que nos invaden irremediablemente, siempre estará presente el camino de la fortaleza y en el que podremos contar con un arma muy importante como es la ilusión, deseo y la certeza de saber que la desesperanza y la infelicidad imperarán si los sueños y la felicidad no logran anteponerse.

No abandones tus sueños al menos que estos sean absurdos.