LA RIQUEZA DEL QUE MEJOR SABE DAR

Quizás no sea una escritora profesional ni reconocida, quizás tal vez soy

una simple aficionada a expresar mediante palabras todo lo que pienso y

pasa en mi vida. Muchas personas podrían llegar a creer que el hecho de

plasmar ideas y sentimientos en un papel o en un blog es algo vano de

sentido o incluso una pérdida de tiempo; sin embargo yo lo considero una

forma de vida.

   Muchas veces nos aficionamos a la lectura por el mero placer que nos

supone imaginarnos como protagonistas de grandes historias de amor, o

soldados que salen victoriosos en una guerra sin fin. Disfrutamos viendo

películas e imaginando una vida como la que viven los protagonistas de

nuestras mejores historias, y sintiendo en otras ocasiones que somos muy

afortunados cuando los personajes de nuestros libros o películas no

corren con buena suerte.El sumergirnos en las páginas de un libro o en una

pantalla de cine puede denotar una forma de cambiar de alguna manera la

monotonía o rutina que envuelve nuestras ajetreadas vidas.

   Cada vez son más las personas que dedican su tiempo a escribir en sus

propios blogs y leer los de otros compartiendo el placer de escribir a

sabiendas de que posiblemente sus creaciones nunca lleguen al gran

público. Pero aun así se sienten satisfechos con el mero hecho de

transmitir lo que piensan.

   Muchos cuentan sus propias experiencias, otros tantos se inventan

historias con las que hacer soñar al lector; pero todos ellos comparten un

objetivo común: que pequeñas historias contribuyan a hacer grandes

personas.

   En este nuevo post quiero hacer referencia al tema de la solidaridad y

para ello lo encauzaré con un breve cuento que quizás nos haga

replantearnos muchas cosas.

   Había una vez un país en el mundo donde azotaba una época de miseria

y penumbra social. Donde solo algunos afortunados tenían la suerte de

vivir sin problemas ni preocupaciones.

   Fueron algunos de esos afortunados, exactamente tres hombres los que

se decidieron a emprender un viaje que duraría algunos días . Las

caravanas de estos tres ricos coincidieron durante un largo viaje y juntos

llegaron a una gran aldea donde la pobreza sacudía enormemente a sus

gentes. Esta situación era tan grave que provocó a estos hombres

sensaciones muy distintas, pero todos ellos coincidían en una sola cosa:

el panorama era desolador.

   El primer hombre adinerado, no pudo soportar ver aquello, algo le

remordió su conciencia y fue entonces cuando decidió sacar todo el oro y

las joyas que llevaba dentro de su carruaje, que por cierto eran bastantes

y muy caras, y las repartió sin reservas entre la muchedumbre de

campesinos. De todos ellos se despidió al tiempo que les deseaba la mejor

de las suertes.

   El segundo hombre con dinero, al ver la terrible situación en la que se

encontraban todas esas personas , paró el carruaje en el que también

iban todos sus sirvientes y quedándose solo con lo justo que necesitaba

para continuar su camino, entregó a todos esos campesinos la comida y

la bebida que llevaba,pues pensó que el dinero de poco les iba a servir en

aquel inhóspito lugar. Asegurándose de que cada campesino recibiera su

parte, y que esta fuera suficiente como para alimentarse durante cierto

tiempo, se decidió a partir.

   El último hombre, al ver aquella situación de pobreza y miseria

extrema, aceleró el carruaje y pasó de largo sin ni siquiera detenerse. Los

otros dos que si habían colaborado de alguna forma con la gente

humilde , al tiempo que iban andando por el camino comentaban su

frialdad y falta de solidaridad. Ellos se sentían orgullosos de sí mismos ya

que en cierta forma habían ayudado aquellos pobres miserables.

   Pasaron varios días y cuando había pasado ya exactamente una

semana, se cruzaron de nuevo con el que ellos consideraban egoísta y

avaro pues no se había detenido a ayudar aquellas personas aquel día.

Ahora este viajaba en dirección opuesta. Seguía caminando de forma

muy rápida, pero al mismo tiempo los dos hombres observaron que su

carruaje ahora ya no transportaba oro ni productos finos y de calidad,

sino que en el fondo del mismo se podían divisar aperos de labranza,

herramientas y sacos que contenían diferentes semillas y granos. Este

hombre se dirigía a la aldea que días antes había abandonado con el

mero propósito de ayudar a luchar contra aquella miseria.

    Quizás si leemos detenidamente este cuento nos sintamos de alguna    

forma identificados con algunos de sus protagonistas.

   Hoy en día hay gente generosa, o mejor dicho personas que se ocultan

bajo un falso disfraz de generosidad pues solo ayudan con el objetivo de

que les admiren por ello. Cuando eso pasa toda bonita acción pierde su

esencia, su valor…   No siempre la generosidad se reduce al dinero, en

muchas ocasiones la generosidad y el gesto más bonito consiste en ofrecer

a las personas la oportunidad de valerse por sí mismos, la oportunidad de

un trabajo, un refugio, algo que les permita poder encontrar nuevamente

su propio camino; camino del cual quizás se desviaron o el cual jamás

encontraron. A veces la mejor ayuda es aquella que no se ve, que es

anónima y que solo la persona que la realiza sabe el verdadero motivo de

porque lo ha hecho. Pero no presume, no alardea, no busca

reconocimiento ni prestigio simplemente buscar hacer el bien y sentirse

pleno por ello. Ofrecer una ayuda sincera y desinteresada intensifica de

alguna manera la capacidad empática que deberíamos tener todos los

seres humanos, y atenúa el materialismo que poco a poco se ha ido

instaurando en nosotros y en nuestra forma de ver la vida.

   En la sociedad actual en la que vivimos, puede llegar a ser difícil pensar 

en ayudar a los demás cuando nosotros mismos tenemos diariamente la

sensación de que precisamos también de la bondad de alguien que nos

ayude a allanar el camino por el que tan tortuosamente vamos caminando;

la vida. Esa vida en la que hay cosas bonitas, cosas tristes, felicidad y

tristeza,ilusiones y decepciones. Pero que al mismo tiempo nos enseña a

evolucionar como seres humanos y a crecer tanto social como

personalmente. Son esos mismos fallos los que nos hacen aprender de

nuestros errores; cuando tropezamos nos levantamos y si algo falla y nos

caemos otra vez tendremos la certeza de que podremos ponernos de pie

nuevamente pues ya lo hicimos antes.

   Todos los días la televisión se encarga de hacernos llegar la imagen de

personas famosas;cantantes, futbolistas, actores… Que han donado una

gran cantidad de dinero a alguna obra benéfica, institución social … Sin

embargo, puede surgir en muchos de nosotros la pregunta de:¿esa ayuda

además de salir de su bolsillo, saldrá también de su corazón?. ¿O

simplemente lo harán no movidos por la empatía sino por el prestigio y el

reconocimiento social que traerá consigo su buena acción?. Nadie

sabemos lo que piensa o siente el resto, es por eso que no me voy a meter

en terrenos tan pantanosos de los que no tengo certeza alguna. Hay gente

que tiene mucho dinero; son millonarios que recorren el mundo y cuya

riqueza, llegado un punto, tal parece que les asquea. Es entonces cuando

deciden donar ciertas migajas de su fortuna a la gente humilde pensando

que así están haciendo un bien, y no digo yo que esto no sea así, pero…

¿Pensáis que tiene más valor esa colaboración que la de gente que día a día

se levanta de madrugada para trabajar y sin embargo dona una pequeña

cantidad todos los meses a alguna institución, ONGS etc.?. ¿O que me decís

de gente que paga los desahucios de familias que estaban a punto de

perderlo todo en estos tiempos de crisis? .Y eso lo hacen desde el más

profundo anonimato, desde la lejanía. Claramente esos casos no abundan,

pues personas con ese grado de generosidad por desgracia no son muchas

y a quien verdaderamente les gustaría hacerlo no pueden porque su

situación económica tampoco es muy satisfactoria. Está claro que

la gente común y corriente como la mayoría no es reconocida por su

colaboración, pero tampoco buscan serlo. Son pobres,es cierto, pero el

poder colaborar aunque solo sea con una pequeñísima parte de su sueldo

que con tanto trabajo han conseguido les hace grandes. Y no grandes

millonarios sino simplemente grandes de corazón.

   Nuevamente reitero que vivimos en una sociedad cegada por el

consumismo, nos hemos vuelto personas egoístas y desconfiadas quizás

con motivo, quizás sin él. Lo cierto es que el mundo sería más mundo si

aprendiésemos que nadie está a salvo de la pobreza, que todo el mundo

podemos necesitar ayuda en algún momento de nuestra vida y no por eso

vamos a ser mejores o peores personas. Recuerdo que alguien me dijo una

vez que una gran habilidad social está no solo en saber pedir ayuda cuando

lo necesitamos sino también en ofrecer la nuestra sin que nadie siquiera se

decida a pedírnosla.

   Otra forma de aportar nuestro granito de arena y de potenciar nuestra

solidaridad es trabajando como voluntarios en residencias, instituciones…

Es ahí cuando verdaderamente ofrecemos lo más grande e importante que

tenemos: nuestro tiempo.

   He de decir, que durante una etapa de mi vida tuve la oportunidad de

trabajar con el colectivo de discapacidad y de ellos aprendí mucho más de

lo que yo les habría enseñado a ellos. Pues solo les dediqué mi tiempo y mi

profesión y ellos me pagaron todo eso con su admiración, respeto,cariño y

buenos deseos. ¿Quién ayudó a quién?. A veces, creemos que estamos

haciendo una buena obra o que con eso vamos a mejorar la vida de

personas a las que erróneamente consideramos infelices y finalmente nos

damos cuenta que los verdaderamente equivocados somos nosotros, pues

ellos, a pesar de vivir con limitaciones si saben ser generosos y son

perfectamente capaces de sacar esa esencia de la vida a la que llaman

felicidad.

   En este post quiero aprovechar y dirigirme a jóvenes que como yo,

desconfíen de todo.Empezando por un futuro incierto que día tras día nos

desconcierta y nos hace desvelarnos porlas noches pensando en si

verdaderamente sirve de algo todo lo que estamos haciendo. Pero sí,claro

que sirve, estaréis conmigo en que la educación es el único arma que tiene

el ser humano para combatir todas las injusticias, egoísmo, despotismo y

corrupción que hay en el mundo.

   Tener siempre presente que nacemos siendo una “tabula rasa” como

decían los empiristas británicos.Es decir, una pizarra en blanco que se va

rellenando poquito a poquito con nuestras experiencias y vivencias

pasadas. Aprendamos a dar sin que nos pidan, aprendamos a ver la tristeza

que quizás se encuentre oculta tras un rostro feliz, enseñemos a futuras

generaciones elvalor del respeto, de la humildad, de la solidaridad y sobre

todo, enseñemos y prediquemos e lvalor de ser personas. El ser humano

tiene dos lados uno oscuro y otro lleno de luz y solo cada quien decide

cual potenciar.

   Como conclusión a todo esto, podemos decir que hay gente generosa,

aunque da sólo para que se vea lo mucho que dan, y no quieren saber nada

de quien lo recibe.

   Otros, también generosos tratan de ayudar realmente a quienes les  

rodean, pero solo para sentirse mejor por haber obrado bien.

   Y hay otros, los mejores, a quienes no les importa mucho lo que piense el

resto de generosos, ni dan de forma ostentosa, pero se preocupan de

verdad por mejorar la vida de aquellos a quienes ayudan, y dan mucho de

algo que vale mucho más que el dinero: su tiempo, su ilusión y sus vidas.

¡ Ánimo aún estamos a tiempo de cambiar al grupo bueno!.

 

Las grandes oportunidades para ayudar a los demás rara vez vienen,

pero las pequeñas nos rodean todos los días.

                                                                                                                          (Sally Koch).

NOTA: Este articulo forma parte del concurso de post solidarios de los II Premios al Voluntariado Universitario.

Anuncios